Empezó el año con polémica pacífica en la calle. Desde esta esquina escucho los comentarios de unos y otros que me recuerdan cuando los lunes, el día siguiente del partido, partidarios de los dos equipos locales de fútbol pasaban la mañana analizando los pormenores de las jugadas, las actuaciones del árbitro y las situaciones de unos clubes cuya afición mantenía una rivalidad extrema, pero pacífica. Nadie se pegaba por estas cosas.
Con la Ley del tabaco ha pasado lo mismo. A partir del día 2 de enero se ha prohibido fumar en los espacios públicos cerrados, sin ninguna excepción. Tras varios años con una normativa anterior que contemplaba espacios separados para fumadores, que apenas se habilitaron, y una actitud de abierta desobediencia a aquella ley, la de ahora ha sido taxativa a la hora de prohibir fumar. Los no fumadores están contentos de poder respirar aire no viciado en bares y restaurantes. Y los "nicotínicos" creen que se lesiona su derecho a envenenarse con lo que les apetezca y que la poca tolerancia hacia ellos ocasionará una "caza de brujas".
Todo el que dobla esta esquina va comentando el asunto, por lo que escucho opiniones razonadas y viscerales, de todo tipo. Lo que más “mosquea” al personal es la posibilidad de denunciar al infractor de la Ley y al local que no la aplica. Es la “caza de brujas” a la que muchos se refieren. Y la verdad es que ya se han presentado muchas. Sevilla, quinta provincia española en denuncias por la Ley del tabaco, es la consecuencia de la cerrazón de unos y otros. Y de la falta de educación de muchos.
El respeto del espacio propio pasa por no invadir el ajeno. Si unos y otros se respetaran y actuasen con la educación necesaria, no se habría llegado a estos extremos. Pero aquí somos así: necesitamos que se nos obligue a acatar lo que el sentido común aconseja. Lo mismo sucedió con el uso del casco por parte de los usuarios de ciclomotores: hasta que las multas no proliferaron no comprendimos los beneficios de ponérnoslo. A ver si ahora no se ennegrece esta esquina con el hollín de tanto humo.

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