martes, 11 de enero de 2011

El burocrático alto el fuego de ETA

Anda la gente como loca por esta esquina preguntando si es verdad que ETA va a dejar de matar. Todos comentan la noticia pero nadie se lo cree. Pego la oreja de piedra para enterarme y escucho que la organización criminal ETA, que persigue mediante la violencia la independencia del País Vasco, ha emitido un comunicado para manifestar su decisión de un alto el fuego permanente y general, verificable internacionalmente, según le exigían insistentemente todas las instancias políticas, especialmente las afines, de aquella Comunidad autónoma.


El comunicado del alto el fuego de ETA, no por deseado, no evita la desazón de los que confiábamos que, tras la inutilidad asesina de su empeño, declarara el abandono definitivo de las armas y su desaparición como organización terrorista.


Es muy duro, incluso para un ser de piedra como yo, que después de cerca de mil muertos y una sanguinaria estela de extorsiones y atentados no hayan estremecido a una organización separatista para repudiar con mayor sinceridad la violencia y el terror, sino que la “concesión” de una tregua sea, en realidad, consecuencia de la asfixia económica que la Ley de Partidos ha sometido al entorno político abertzale y el eficaz cerco policial y judicial, en colaboración con Francia, que ha desmantelado repetidamente la cúpula dirigente de la banda y sus comandos, mermando su terrorífica capacidad operativa para matar.

La trágica historia de ETA ya nos ha acostumbrado, con treguas y negociaciones que nunca abrazaron la paz, a desconfiar de sus anuncios y de su palabra. ETA no sabe hablar, sólo apretar el gatillo o pulsar el detonador a distancia del coche bomba. Incapaces para percibir más realidad que la de su propia supervivencia orgánica, la banda se atribuye encima la potestad de tutelar una convivencia que los vascos hace años disfrutan bajo un Estado de las Autonomías que posibilita el respeto y la voluntad identitaria expresamente reconocida en el Estatuto de Guernica, incluida la opción política por la independencia a través de cauces democráticos y con arreglo a lo dispuesto en la Constitución.

Por eso, hasta un muro como yo no se atreve a tomar en serio ese último comunicado en el que parecen reservarse el derecho a modificar la situación de alto el fuego si los resultados no le satisfacen o consiguen sus propósitos. Esa es la impresión que genera la desilusión de hasta las piedras que conforman esta esquina y de cuántos pasan por aquí.

Hay que reconocer que, no obstante, algo de positivo tiene esa decisión de ETA de practicar un alto el fuego. Aunque sea insuficiente, se debe celebrar el fin de los asesinatos por motivos que jamás deberían de haber recurrido a la violencia y la muerte para enarbolarlos. Es lo que esta esquina echa en falta en un comunicado burocrático, lleno de anagramas, sellos y rúbricas, pero insensible al inmenso dolor que el terror ha causado tan inútilmente durante demasiados años. Me quedo de piedra ante tanta frialdad.

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